Anecdotario 1:1

CHRYSLER CORDOBA 1980


Recuerdo que en 1980 mi padre compró un Chrysler Cordoba 1980 nuevo, coupé color café metálico de dos puertas y que le salió con un pequeño defecto: el velocimétro se atoraba en los 60 Km/h.
Mi padre acostumbraba viajar mucho por carretera debido a su trabajo y por eso mismo le gustaban mucho los coches grandes y potentes. Este auto en particular tenía un motor V8 de 360" pulg. cúbicas y carburador de cuatro gargantas y transmisión automática de 3 velocidades. Bueno, pues como mi padre necesitaba usar el carro y en la agencia le daban largas para reparar el defecto, se acostumbró a usarlo así. Pero el día que se lo arreglaron del defecto en el velocímetro y mi padre tuvo que viajar después, el tremendo susto que se llevó cuando al venir conduciendo "normalmente" en la carretera, según lo platicaba él, se le ocurrió mirar el velocímetro y este marcaba poco más de los 185 Km/h, y fue entonces que le tuvo que bajar a 160 Km/h que estaban aun muy por arriba de lo permitido. Ya habrá tenido algunas "charlas" con la Policía de Caminos, pero así era (es todavía, pero le falta un carro así) mi padre. Desgraciadamente no cuento con fotografías de ese auto, porque las únicas que hubo, nunca tuve acceso a ellas debido a que eran las del auto destrozado cuando en septiembre de 1984 una camioneta de redilas de 3 1/2 toneladas, le salió de frente e invadió su carril cuando él venía conduciendo "normal" sobre una curva y de bajada en la carretera. Milagrosamente, gracias a Diós y al peso del coche, mi padre sobrevivió al choque de frente despues de pasar 15 días con respirador artificial en terapia intensiva y cuatro meses en el Hospital más todas las cirujías que fueron necesarias. Ese carro era muy bonito y elegante, en verdad (además de potente). Arriba: Chrysler Cordoba 1980. Fotografías de Archivos Web



Caprice Classic Landau 1981

 

 A los seis meses de su accidente y a dos de estar en casa, convaleciente y con apenas poder caminar con bastón, mi padre nos comentó que ya era necesario buscar un auto para cuando estuviera en condiciones de conducir y regresar al trabajo. Nosotros creimos que con ese accidente no querría tocar un volante de nuevo. Pues fue todo lo contrario. Así que mandó a mi hermana mayor  buscar en los anuncios clasificados del periódico local, un auto grande, de poco kilometraje y de modelo lo más reciente posible, ya que después de los gastos médicos, no estaba en posibilades de comprar uno nuevo de agencia. Siendo esto en un domingo por la mañana, se fué mi hermana  de cacería con un cheque en blanco y en compañia de una amiga.. No pasó mucho tiempo cuando llamó por teléfono a casa avisando que había encontrado un Chevrolet Caprice Classic 1981 color blanco, equipado completo, con muy poco kilometraje (poco menos de 30,000 Km), como nuevo y que le pertenecía a una señora  que lo compró de agencia, que lo cuidaba exageradamente y que estaba dispuesta a negociar. Mi padre le contestó: -"¡Adelante!"-.
Como una hora después volvió a llamar mi hermana avisando que el trato estaba cerrado y que ya se dirigía a casa con el auto para guardarlo. Recuerdo la emoción que nos dió a mis demás hermanos y a mí , y la serenidad con que mi padre se sentó  a esperar cerca de una ventana del segundo piso de mi casa. Cuando le avisamos que el auto estaba llegando, se puso de pie y miró por la ventana. Ví como le brillaron los ojos  al verlo y solo dijó: -" Bién.."-.  El Caprice realmente lucía flamante, enorme, como nuevo, con ese color blanco y con el ángulo que teníamos desde la ventana, parecía que estabamos viendo un comercial en vivo. Mi padre, sin decir más, en bata, todavía con algunas vendas, con pantunflas y bastón,  dando pasitos como de 10 ó 15 cm, se dirigió a las escaleras al tiempo que mi mamá le gritaba: -"¡Saul!, ¡no bajes!, ¿estás loco?, ¡te vás a caer! ¡Saul!"-, ect., ect..  Mi padre no había bajado ni salido desde su regreso del hospital. Yo me quedé en la ventana viendo el auto cuando ví salir de la casa a mi padre al paso que podía. Miró el auto de atrás para adelante y de adelante para atrás, le pidió las llaves a mi hermana y le  ordenó que se volviera a su subir. Mis hermanos corrieron y se subieron tambien. Mi padre les echó el bastón y se subió como pudo. Iban a dar una vuelta...  Apenas encendió el auto y que se arranca con un fuerte acelerón, y que se trepa a la banqueta, y que le tumba  un espejo al carro (el retrovisor derecho) al golpear con la canastilla de fierro para la basura. Y que se siguen, que espectáculo. Yo viendo por la ventana y mi madre todavia diciendo adjetivos calificativos. Bueno pués, el Chevrolet Caprice de 1981, contaba con un motor V8 de 350" pulg cúbicas, alimentado por un carburador de  4 gargantas controlado elctronicamente, transmisión automática de tres velocidades al frente, que le brindaban una excelente respuesta y suavidad al conducir.  Hay que hacer resaltar sus refinados, elegantes y muy cómodos interiores, especialmente de la serie Landau que eran de un tipo velour aterciopelado, excepcionalmente suaves y resistentes.

Volviendo al Caprice 81 de mi padre: Ese auto mi padre literalmente casi se lo acabó. Le recorrió cerca de los 300,000 Kms hasta que la transmisión empezó a fallar, y lo vendió par ahí de 1990-91 para comprar otro auto. No tiraba aceite ni echaba humo por el escape y eso sí, le robaban los tapones de las ruedas casi como de rutina. El espejo retrovisor nunca se le repuso. Qué buen y tan noble auto.  Arriba: Caprice Classic Landau 1981. Fotografía de Archivos Web. El auto es exactamente igual al de mi padre pero en color negro.

El recuerdo, uno de los tapones. Pesa como 5 kg .


RENAULT 18 1980






 Mi primer auto: mi perdición. Lo tuve desde nuevo. Originalmente era de mi hermana, pero al poco tiempo de comprado mi padre compró otro pero en versión guayín (vagoneta) tambien para mi hermana y por orden al bat me lo tuvo que ceder. Desde la agencia, era el  auto de exhibición y por eso mi padre consiguió un mejor precio por él  y además a mi padre le gustaron tanto, que estuvimos a punto de comprar un tercero poco tiempo después, pero como todavía no había la versión que él buscaba, desistió. A cambio nos ofrecían otro 18, tambien de exhibición pero "arreglado"(el término de la época empleado para "Tuneado"), en color rojo Ferrari, con quemacocos eléctrico, rines tipo Cromodora (como los de Ferrari), llantas Pirelli anchas, escape deportivo, faros auxiliares, volante Momo e interiores completamente en velour negro, además de ligeramente achaparrado (¡¡ un Carrazo !!). Pero mi padre volvió a desistir y yo salí dándome de topes en la cabeza, de la agencia.
La historia de este auto en particular (el mío) es muy muy larga y si los autos pudieran hablar, este tendría mucho que contar. Parrandas, novias, amigos, y por último la escuela... qué mal..   Una novia, (que era mi primer novia en serio) enojada porqué llegué tarde a verla (por una pequeña descompostura), me dió a escoger entre ella ó el auto, y para mí fué muy claro. Claro que me arrepentí después, pero me aguanté y la tuve que extrañar. Una amiga de mi hermana lo apodaba "Christine" y otra novia mía, la primera vez que lo vió afuera de su casa exclamó: -" ¡ Jaá, jaá, ese coche no avanza, se arrastra !! " - , y lo decía por lo acahaparrado. Para ootra novía mía, siempre era un Mustang (¡ que ignorante ! ).  Para algunos amigos era el "Guantemovil" y para otros era "La XXXXXXnave", entre otros apodos, pero para mí era "Mí Renato 18". Estoy seguro que habrá quién lo reconozca por el Internet, sobretodo algunos ex-Satelucos de mediados y finales de los 80's.. (..que todavía vivan, Jaá !!). . Bueno pués, chocado y reconstruido por lo menos tres veces no tiene pieza o tornillo que no le haya removido o cambiado al menos dos o tres veces. Casí me lo sé de memoria todavía.

Ya pués, pasando a las anécdotas completas, el más grave de sus accidentes (de mi Renato)  fué cuando al tercer día, más bien para amanecer al cuarto día del accidente de mi padre en su Cordoba en Septiembre de 1984, yo había pasado la noche en el hospital y en el auto, y ese día era mi primer día de clases a las 7 a.m., por lo que me arranqué de ahí de como a las 6:30. Cuando llego al primer cruce, y como yó tenía el semáforo en verde y aparentemente casi no había coches circulando aún, me seguí confiadamente cuando de pronto me sale rápidamente un camión de 6 ton. que se pasó el alto y no me dió tiempo de siquiera tocar el freno.  Ese día volví a nacer (como otras veces también). Gracias a Diós yo no iba tán rápido como el camíon y solo me le incrusté y le pasé por abajo después sus ruedas traseras y por eso no me aplastó. Gracias a lo achaparrado del auto no me atoré con su parte trasera y solo le arranqué su defensa de acero, saliendo volando todas mis piezas rotas por todos lados, y llegando yo al otro lado de la calle con el vuelo mismo que llevaba. La verdad es que no me asusté hasta que me bajé y ví como quedó el auto. Yo solo había visto cómo se me arrancó el cofre y se me estrelló el parabrisas, en una fracción de segundo. El auto quedó como cuando se destapa una lata de sardinas. El camión iba tán rápido, que tardó más de un minuto y medio en frenar y echarse en reversa hasta donde yo estaba. Era un camión de Correos (servicio postal), y al bajarse el chofer y su ayudante y ver que yo estaba bién, terminaron de arrancar su defensa, la echaron  al  camión, y se fueron de nuevo. Afortunamente, donde quedé con el auto, cruzando la acera había un estacionamento que ya estaba abierto y fuí y le pedí ayuda al encargado para empujar el auto y ahí dentro guardarlo, a lo cual accedió. Ya después me fuí  reportar con mi madre y con mí  tío (hermano mayor de mi padre) quién se estaba haciendo cargo de todo. Debo destacar que cuando fuí con la grúa (ya por la tarde) para remolcarlo a casa, y que por cierto, teníamos mucho temor de que nos fueran a parar o detener por el estado en que se encontraba y veía el auto, en el estacionamiento solo me cobraron la cuota ordinaria y correspondiente.
Para evitar que nos fueran a parar y cuestionar acerca del accidente, decidimos buscar una de las gruas de tránsito que andaban por ahí y solicitarles el apoyo a ellos. Los operadores, muy accesibles y amables (ojo: nó corruptos) aunque un poco dudosos, aceptaron al ver que el incidente no había salido con saldo rojo.
Yá en el camino, algunos autos se nos emparejaban para ver con morbosidad mi Renato chocado y en los semáforos, peor. Yá en casa, la gratificación ("pa' la gas y el refresco") a los gruyeros por el apoyo era obvia, y los vecinos al ver creyeron que ese era el auto en el que mi padre se había accidentado, hasta que preguntaron. El auto fué posible repararlo gracias a que el daño no movió al motor de su lugar, aunque todo lo demás se arrancó  (mangueras, cables, accesorios, ect.) y salió volando,  y apenas rozó la parte más alta de la supsensión y no tocó al bastidor (el chasís), todo gracias a que el auto estaba achaparrado.

Para repararlo, con el apoyo de mi tío (porque mi padre estaba fuera de circulación por su accidente) contraté a un hojalatero al cual mis amigos y yo conocíamos por el "Monstruo" (así se hacía llamar), imagínense. Este hojalatero solo arreglaba "madrazos cabrones", según decía él, y sí era cierto.
Con los amigos que yo tenía, el "Monstruo" tuvo mucho trabajo y por un buen tiempo. Insistía en arreglar el Cordoba (pérdida total) de mi padre también.  Decía que no había auto que no se pudiera reparar, y sí lo pude comprobar, y no nada más con el mío. Yá lo platicaré después.
 Un día estabamos el "Monstruo" y yo trabajando en mi Renato en el garage de mi casa, y salió mi madre a la hora de la comida para ofrecerle de comer y le dijo: -"Oiga, Señor "Monstruo", buenas tardes, aquí le traigo ésto de comer, ¿eeh?, y su agua de limón tambien, ¿Ok?., y tú, Gerardo, ya vente a comer !!"-   Híjoles, así es mi madre.  El "Monstruo" nunca nos dijo su nombre ni nadie se atrevió a preguntarle, quiénsabe porqué. Bueno, bueno, la cosa es que el "Monstruo" le hizo la hojalatería a mi Renato 18 y yo le hice toda la parte mecánica y eléctrica y yá después lo mandé pintar bién, porque eso sí, el "Monstruo" pintaba bién mal.

Varias semanas después, yá pintado mi Renato, que por cierto fué lo más caro de todo, ya estaba terminado. Y es que lo mandé pintar por completo, de un gris más oscuro (oxford), con el mejor acabado y en el mejor taller de pintura de la zona. Todo lo que me ahorré en la mano de obra y algunas piezas, se fué en la pintura, pero valió la pena. Solo que unos días poco después, iba yo circulando por Av. Lomas Verdes hacia arriba a toda velocidad, con unos amigos, cuando de pronto: ¡Que se me abre el cofre a toda velocidad!, y me tuve que parar sin poder ver nada. Mis amigos solo se carcajearon y yo tuve que cerrar el cofre todo chueco y torcido a la fuerza y amarrarlo con el cable de las bocinas a la defensa. El parabrisas no se me estrelló solo por que lo detuvieron los limpiadores pero también quedaron todos chuecos.Y óotra vez al taller, recién pintado. Resulta que cuando le desmontaron y montaron el cofre no le ajustaron bién del chicote y además no le habían puesto el seguro de protección que todos los autos llevan, qué porque no lo tenían ó no lo llevaba. Fué un pleito y más $$ pero volvió a quedar, al fin.

 Mi padre no se enteró de mi choque ni vió el Renato hasta cuatro meses después de su accidente, cuando salió del hospital. Y cuando pudo salir caminando de la casa, casi se le hizo rutina medir por las mañanas con su bastón la altura del Renato y gritarme desde afuera a mi ventana : -"¡¡ Gerardo !!, ¡¡ Cada día veo este coche más chaparroo !!"- .  Podría ocupar  todo un blog nada mas de mi Renato 18 y de todo lo que viví y pase con él y no terminar. El auto todavía existe, en des- uso y en espera de un milagro: otra restauración.
Se aceptan donativos. No prometo nada, mas que más historia para este auto de 30 años.

 El "Monstruo" era un señor (hojalatero de vieja escuela) robusto grandote estilo "Cherk" (Shreck) muy moreno, como de unos 45-50 años, muy greñudo chino, canoso y con los ojos un poco desorbitados, que se quedaba donde hubiera chamba y vivía en su VW viejito y sin asientos, donde ademas cargaba, toda su herramienta, incluyendo sus tanques de óxigeno y acetileno. Estuvo una buena temporada por aquí.

Arriba: (muy arriba): Fotos de mi Renato 18 en 1991 (aprox.) con mi última novía (mi mollera).


EL "MONSTRUO"

Como mencionaba, el "Monstruo" era un hojalatero de vieja escuela, no utilizaba pasta, además, mis amigos y yo se lo exigíamos. Trabajaba a pura lámina y soldadura. Por eso se hizo conocido entre nosotros, y como él mismo decía, solo arreglaba  "puros madrazos cabrones". Mencionaré algo de eso.
Cuando somos más jovenes y más locos, tambien somos más aferrados, al menos así eramos mis amigos y yo en los 80's. Por eso cuando alguno de nuestros carros ("naves") era chocado, lo arreglábamos como fuera y no importando qué tan mal se hubiesen dañado y ni cuanto nos costara. Por eso siempre andábamos en bancarrota. Hoy en día es más facil declararlos pérdida total. 
Yo me acuerdo que cuando estábamos reparando mi Renato 18, el Monstruo le quitó una pieza toda destrozada, que es la tolva visible de lamina que vá entre el cofre y el parabrizas, de lado a lado y que es la que sostiene el mecanismo de los limpiadores y los limpiadores mismos. Estaba como cuando uno agarra una servilleta de papel con la mano, y la aprieta toda, casi como taquito arrugado. La buscamos nueva en agencias y en refaccionarias y no la encontramos, tampoco en los deshuezaderos. Ya después en mi casa, se le quedó observando y se puso a trabajar..  Al cabo de un rato pude ver, disimuladente, en silencio yo y según yo en lo mío, la transformación paso a paso casi milagrosa. Sentado ahí en el piso de la cochera casi como artesano, la volvió a fabricar.  Y le tomó casi medio día. Desde ese momento, ya no dudé del "Monstruo".
Si el mismo día que lo contraté, yo pues algo dudoso y frente al auto (con perdón de Uds.) todo "desmadrado" (chocado, deshecho), le pregunté: - " Y... ¿ si queda..?" - y el "Monstruo" me contestó : - "No te preocupes Gera, vá a quedar como: ¡¡ Nalga de princesa..!!, ¡¡ Chingada madre..!!" -  Era un poco mal hablado.
Yá tiempo después y acordándome, me di cuenta que para el Monstruo, esos eran retos personales, porque él mencionaba que no tomaba cuando le ofrecíamos una "chela" (cerveza) y asumimos que había sido alcohólico.
En cuanto a los "madrazos cabrones" que el Monstruo arregló, el qué más me sorprendio fúe el de un Ford Fairmont 79 V8, blanco, de 2 puertas de un amigo, que literalmente quedó a medio torcer como tornillo y sumido de un costado a la altura del poste central del lado del copiloto más todo el daño del costado mismo. Ya saben, como suele suceder, todo ocurrió por "andar en la peda" ó "venir chupando"  (conducir muy ebrio) de los demás cuates (amigos). Afortunamente nadie de los que iban se mató ni salió herido de gravedad, mas que contusiones y rasguños.Yo no iba en esa ocasión desde luego, aparte de que no solía yo salir mucho con esa parte de mis amigos, por lo mismo, que era muy riesgoso.
Bueno pues, para arreglarlo, el "Monstruo", desprendió ese auto de su chasis y se lo enderezó, le quitó el techo,  partió la carrocería en dós, hojalateó y enderozó todo,  y lo volvió a soldar, en resumen, por supuesto. La única marca visible (apenas visible) que yo recuerdo le quedó a ese auto, era una rayita (como cicatriz) de unos 3 ó 4 cm en la parte inferior del poste "C" izquierdo.
Uno se podía dar cuenta que el auto había sido accidentado, no de que forma, desde luego, porque dejaron al monstruo pintarlo, y la pintura estaba medio opacona y algo grumosa. Más bien parecia que estaba mal repintado. Como dije antes, el Monstruo pintaba medio mal.
Curiosamente, al estar comenzando a escribir el párrafo anterior, me asómé por mi ventana, y venía pasando un Ford Fairmont Negro de 4 puertas, 1981, creo, impecable. Qué coincidencia. Todavía quedan algunos por aquí, pero no en tan buenas condiciones.


Arriba: Ford Fairmont 1979, 2 y 4 Puertas. Fotos de archivos Web.

Para terminar, otra hazaña hojalatera que me tocó ver del "Monstruo", fue quitarle literalmente con cincel y martillo más o menos entre 6  y 7 kg de pasta en los costados (a cada uno) más 6 ó 7 capas de pintura de colores distintos de esmalte grueso, al VW 1968 de otro amigo (Javine), que se compró por $800 pesos mexicanos (de entonces), unos $2,500 actuales aprox (USA menos de 200 dólares). El "vochito" yá había sido de todos los colores posibles, y al intentar rasparlo, surgieron las pinturas anteriores y al final la pasta. Ese vochito lo compró mi amigo por que fué lo único que encontró con lo que le dió su papá, casi a modo de insulto para que no comprara nada. Tenía llantas de Galaxie atrás y estaba a punto de desvielarse, pero corría muy bien ya sin los colados de pasta que le quitaron. No es choro (mentira), caundo el monstruo terminó de quitarle la pasta al vochito, lo desechos parecían escombros de una bardita ó reparación hogareña (cascajo). El trabajo del monstruo fué darle forma otra vez al cascarón del VW y hojaletear y salvar las cuatro salpicaderas +  el cofre, cero pasta, y cambiarle el piso después, porque al Kannon (apodo de mi amigo) se le ocurrió achaparrarlo casi hasta el suelo, y cada vez que pasabamos los topes de lado, el vochito se sacudía como alfombra voladora pero raspando, y se nos movían los pies, hasta que al final ya todos los podíamos sacar como Los Picapiedra (The Flinstones), Jaaaá!
Ese vochito no quedó al 100%, más que nada por la pintura, pero se veía muy bien de todos modos, casi original, rojo, aunque lo haya pintado el Monstruo. Y considerando el estado inicial como del -20% que tenía el vochito, lo consideramos una hazaña, tanto, que mi amigo Javier lo pudo vender facilmente después.

Hay más del "Monstruo" pero ya será después.


Mercury Grand Marquis 1984


Mi mejor auto, mi preferido, y lo he vendido. Con todo mi dolor y me pesar lo tuve que vender, mas bien casi me lo quitaron. Se me estaba comenzando a deteriorar y su alto costo de mantenimeinto en tiempos de crisis fueron el tiro de gracia. Esto, sumado a las presiones de la mollera y del gran patriarca (mi padre, no se como pero todavía pesa) me hicieron dejarle ir al auto insignia de mi apenas y pequeña colección de autos 1:1.  A este si se le extraña.

Haciendo a un lado los sentimentalismos me permito decir que este auto me resulto ser buenísimo, magnífico, nunca me dejó tirado siendo un auto "viejo", por así decirlo. Para mi era como "La sala de mi casa", así lo nombrada yo y tambien "El último de los dinosaurios" ó el Grand Marquisaurio, jaá  !!

Comprado en 1996 por un servidor,  su restauración costó mas de la mitad de lo que me costó el auto y no lo compré muy barato que digamos, por ser americano (de importación). Le faltaba la pintura, llantas, el toldo y algunas molduras entre otros detalles mecánicos y de carrocería, que tampoco resultaron muy baratos, pero aun así  casi lo terminé. La fotografía no miente. Muy seguido recibía ofertas para venderlo y prácticamente no había ocasión que lo lavara y no me preguntaran si estaba a la venta. Tambien en algunas ocasiones me preguntaban si no había sido diplómatico o de alguna embajada, pues lo parecía y mas con los discretos porta-banderines que le fabriqué especialmente. Un amigo de mi suegro, cada vez que veía mi Grand Marquís decía que estaba listo para cortarlo en dos y hacerlo más largo (limousina) !! Jaá !!

Bueno, pues pasando a las anécdotas, una de varias, muy curiosa y talvez un poco penosa, que tuve con este auto, fué un día que temprano llevaba yo a mi hija la mayor y única en ese entonces al jardín de niños (kinder, escuela). Había  pasado y avanzado poco mas de una cuadra despues de arrancarme de casa cuando llegando al primer cruce que por cierto era muy conflictivo por las mañanas,  veo que el microbús colectivo que venía delante de mí se detiene muy bruscamente, para lo que yo reaccioné y frené de igual manera para poder librarla, y  de repente oigo por atrás un grán rechinido y patinón de llantas. Inmediatamente despues sentimos un gran impacto por atras que nos aventó en el auto poco mas de 1 mt hacia adelante con todo y aun pisando el freno. Afortunadamente el microbús ya se había arrancado y por eso no nos impactamos contra el mismo. El auto se me había apagado del impacto y el lunch escolar colectivo (150 donitas Bimbo) por grupo que ese día nos tocaba llevar, salió disparado hacia el tablero.
Casi instintivamente despues de ver a mi esposa e hija, me bajé del auto para ver los daños  y reclamarle al conductor de atrás, cuando llego y escucho una voz de mujer que me dice: -" Qué reclamas y ni te enojes, porque a tu auto ni le pasó nada.. vé el mió..!!"-  Fué entonces, que me fijé bien y más o menos quitándole pedazos de mica, plástico y vidrios de la defensa trasera a mi Grand Marquis, efectivamente confirmé que no tenia siquiera un rasguño. Frente a la frustrada chica y su posterior silencio, volteé y mire hacia atrás para ver el otro auto como quedó. Era un Jetta rojo de 3a generación 1990-92 aprox. que debió estar muy bonito y conservado antes del choque. Literalmente, los topes negros de mi defensa trasera se le marcaron y se le incrustaron en el frente, rompiendo los faros y perforando el radiador, por lo cual estaba tirando líquido y sacando vapor. La facia se le rompió y cayó. La parrilla se le rompió en muchos pedazos y el cofre (capó) se le dobló y  levantó, no mucho y las dos salpicaderas (guardafangos) delanteras se le arrugaron de las puntas. Ese carro ya no andaría más por el momento y no saldría de ahí mas que con grúa. En la esquina alcancé a ver a dos policías de tránsito que en lugar de acercarse, se estaban riendo no muy disimuladamente, creo yo que por la mala suerte de la chica de estamparse (chocar) con  un auto como el mío, el último de los dinosaurios automotrices. Yo después, rápidamente viendo la situación, en vez de enojado un poco apenado, le dije a la chica: -" Bueno pues.. que pena pero.. ahi te quedas con tu golpe, eeh? Adiós.. "-  Y me arranqué de nuevo y apenas y llegamos a tiempo de la entrada a la escuela.

En cuanto a sus generales (del Marquis, no de la chica aunque estaba muy bonita), su motor es un V8 de 302 pulg. de inyección electrónica de combustible por medio de dos inyectores centrales, a diferencia del Grand Marquis nacional (México) que era de motor 351" con aspiración carburada de 4 gargantas. Obviamente el Mercury consumía mucho menos combustible. La transmisión es automática de 3 velocidades con "Overdrive" (4ta Vel.), suspensión de aire trasera, piloto automatico de velocidad en el volante. 
Su equipamiento eléctrico es el completo para la serie, asiento del conductor, desempeñador trasero, vidrios y seguros electricos, volante de posiciones y otros detalles más como encendedores en las puertas, luces de cortesía, ect.  Siendo de versión ejecutiva, el toldo es más amplio y extendido hacia atrás, tambien más espacioso en su interior y con una cajuela (guarda equipajes) inmensamente grande.
Y con inmensamente grande me refiero a como se oye, inmensamente grande y además profunda. En varias ocasiones cargué algunas cosas que ahora solo cabrían en una camioneta (furgoneta), como tarimas de madera y bafles de sonido, y otras cosas como las bicicletas de la familia y sin desarmarlas. Solo había que quitar la llanta de refacción y se obtenía aún mas espacio.
La sensación de solidez y seguridad eran una constante en ese auto. A pesar de ser muy pesado era lo suficientemente potente y muy, muy suave y silencioso al ser conducido.
No se como lo pude haber vendido...